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San Juan de Puerto Rico ha sido siempre un lugar de encuentro en el Caribe isleño. Los primeros pobladores llegaron al área hace al menos tres milenios, trayendo consigo las culturas del delta del río Orinoco en Sudamérica. Les siguieron otros grupos culturales que, en sucesivas oleadas, iniciaron el largo y fructífero proceso de mestizaje étnico y cultural que aún caracteriza al Caribe contemporáneo. A finales del siglo 15 los españoles rebautizaron con el nombre de San Juan Bautista a la entrañable isla de Borinquen. Poco después se trocó el nombre europeo de la isla por el de la ciudad capital, y el de su rico puerto por el del país. San Juan se convirtió en el nombre de la capital y Puerto Rico en el de la isla. UNA CIUDAD CON HISTORIA San Juan forma parte de un pequeño conjunto de ciudades antillanas fundadas al comienzo de la historia de las formas urbanas europeas en América. Su primer asentamiento ocurrió entre el 1509. La empresa de su fundación, la posterior mudanza a la entrada de la bahía y su consolidación como capital de la isla fueron obra de tres grandes grupos étnicos y culturales: europeos, amerindios (indígenas) y africanos. En San Juan se amalgamaron tres continentes para ir conformando una idiosincrasia criolla que es por definición, abierta y cosmopolita. La presencia norteamericana desde el siglo 19, y sobre todo a partir de 1898, se añade a estas influencias. Tanto en el pasado, como en el presente, San Juan ha sido y es una capital caribeña donde se conjugan los ricos elementos de la cultura plural y variopinta que define al Caribe Isleño. La razón de ser de la ciudad estuvo siempre vinculada a su puerto, defensor del tráfico marítimo en el este del archipiélago antillano. Sólo en ese contexto se puede comprender y admirar al monumental sistema defensivo que caracterizo la vieja ciudad y que ha sido denominado por las Naciones Unidas como patrimonio de la humanidad. |
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